El día de ayer nos encontramos esta nota en el periódico Reforma.
¿Ah, muy bueno para la cerveza? ¿Ya hasta quiere poner su cervecería? Lástima, si vive en México, triunfar con ese proyecto es casi imposible. En Estados Unidos o en Chile, por ejemplo, existen muchas cerveceras de barrio que atienden a colonias o ciudades y cuyos dueños, enamorados de su producto, se vuelven prósperos.
Aquí, usted sabe, sólo hay de dos: o Grupo Modelo, de Carlos Fernández o Cervecería Cuauhtémoc Moctezuma, de la holandesa Heineken. Nomás trate de pedir de otra compañía en un restaurante. ¿A qué viene todo esto? Queremos contarle algunos de los enredos que sufren quienes tratan de unirse al club de estas empresas.
Pequeñas cerveceras como Cervecería Primus, Cervecería Minerva y Cervecería Revolución, fueron invitadas en 2008 a formar parte de la Cámara Nacional de la Industria de la Cerveza y la Malta (Canicerm).
Este órgano debería velar por los intereses de quienes fabrican la bebida y promover políticas públicas en beneficio de la industria.
Al final es un sindicato que debe proteger a su gremio.
Pero mire usted, en esa cámara, dependiendo del sapo es… el ruido que éste hace. Nos cuentan que los votos de cada miembro están relacionados con la capacidad de producción de la cervecera.
Cuantos más hectolitros producidos, más volumen alcanzan los gritos de sus necesidades.
Ahí es en donde entramos en un círculo vicioso en la Canicerm. Si los restauranteros y los dueños de las tienditas reciben un refrigerador o algún beneficio por vender una marca, difícilmente voltearán a ver a la otra.
Como no pueden vender más, las cerveceras de nicho tienen un bajo volumen de producción, no pueden escalar procesos y terminan vendiendo más caro. El precio se vuelve en su contra y menos venden.
Además, los impuestos para la cerveza suben como la espuma porque no hay quien reclame por las pequeñas cerveceras. Esos impuestos, sobre un precio alto, se ven más altos.
Mientras que en pesos una cerveza comercial paga alrededor de 3 en impuestos por botella, una artesanal genera unos 6 pesos. Total, el cliente de la tiendita nomás ve de lejos las marcas de “nicho” cuando está cerca de estas. Ya la Comisión Federal de Competencia, del golpeado Eduardo Pérez Motta, revisa el asunto desde hace meses. Esto va a ponerse bueno.
¿Qué opinan?
